domingo, 30 de marzo de 2008
martes, 26 de febrero de 2008
La pelea
… when you buy furniture, you tell yourself: that's it, that's the last sofa I'm gonna need. No matter what else happens, I've got that sofa problem handled. I had it all. I had a stereo that was very decent, a wardrobe that was getting very respectable. I was so close to being complete.
Shit, man. Now it's all gone.
All gone.
Do you know what a duvet it?
A comforter.
It's a blanket, just a blanket. Now why guys like you and I know what a duvet is? Is this essential to our survival? In the hunter-gathered sense of the word? No. What are we then?
I dunno. Consumers.
Right. We're consumers. We're by-products of a lifestyle obsession. Murder, crime, poverty - these things don't concern me. What concerns me is celebrity magazines, television with five hundred channels, some guy's name on my underwear. Rogaine. Viagra. Olestra.
Martha Stewart.
Fuck Martha Stewart. Martha's polishes on the brass of the Titanic. It's all going down, man! So fuck off, with your sofa units and your green stripe patterns. I say never be complete. I say stop being perfect. I say let's evolve. Let the chips fall where they may. But that's me, and I could be wrong. Maybe it's a terrible tragedy.
…
And we’re very, very pissed-off.
...
No fear. No distractions. The ability to let that which does not matter truly slide. You are not your job. You're not how much money you have in the bank. You're not the car you drive. You're not the contents of your wallet. You're not your fucking khakis.
You are the all-singing, all-dancing crap of the world.
- Fight Club (1999)
jueves, 17 de enero de 2008
La doctrina de los cíclos
miércoles, 9 de enero de 2008
En mí
… Pero vana es mi voluntad, si ante la más efímera promesa de tu voz vuelvo a soñarte, y estás tan real y tan hermosa como siempre; tan real y tan hermosa como nunca…
lunes, 7 de enero de 2008
Matador de brújulas
lunes, 24 de diciembre de 2007
sábado, 15 de diciembre de 2007
Borges y yo
Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndolo todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
No sé cuál de los dos escribe esta página.
Jorge Luis Borges, en El hacedor (1960).

